jueves, 17 de enero de 2008

Ocaso

54.
Cuando observo un eclipse
mi corazón se satura.
Solo, en la soledad que comprime
y guarda silencios, busco huellas de un sol ya oculto,
que en mí se engendró como cráter de mis temores.

Aguardo la tenuidad
amparado en mi huida ficticia,
cifrando iconos de humedad
sobre mi propia malicia.
Me supe engañar,
estafé mi conciencia.
Más ahora sé que
donde la tormenta arrecia,
existe fuego también ! !

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