
35.
El palco de honor no es para mí,
bostezan grises los telones con mi presencia.
Tras un acto quizá preparado, quizá fingido,
escondo toda huella mía que esté al alcance,
para sedar el dolor de jamás verte.
Pero por qué?
si aún sigo obstinado en tu desnudez,
radiante, espléndida ... definitiva,
que como agua inunda recuerdos.
Acostumbrándome a no tenerte ...
ando vacilante cual abeja en libación,
de alguna flor imaginaria y lejana.
Me apego al contraste de un olvido promediado entre lunas y soles.
Ahí, en el cuadrante de la eternidad,
deslizo mi duda por entre raíces de sublime entraña,
entre ramales turbios y de regreso inesperado.
Me dejo llevar por la forma como fraternizan
la roca y el mar, la lluvia y la nube ...
y quién sabe cuántas cosas más!
Un sol, una casa, una flor ...
un lago, un cisne, un pescador.
Entre exuberantes ruinas de basalto
presiento decibeles de un géiser no hallado,
que irisa a quien no le escucha.
Pero he derrochado mi caudal de ilusiones,
y en el sótano de mi corazón
no queda un sólo archivo de esperanza,
a menos de que vuelvas,
con el calor de una creencia ! !

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