jueves, 17 de enero de 2008

A lo profundo

14.
Conquistaré el azul intermitente
de nubes espumosas y lánguidas.
El furioso rayo del Padre
derretirá mis alas.
Me esconderé en la sílfide atañada.
Allí, donde sea la lluvia mi cuerpo
y el viento, mi alma.

Nada más que el aire
intervendrá en mi vuelo,
salvo mi fuga repentina
que por siempre hará daño.



Riesgo celeste e inmutable.
Un viaje sidéreo en los astros
increpa ansias aún vigentes,
ahonda en el cénit de fuego,
más allá de lo equidistante,
del mismo lugar que ciñe
y sacude la tierra.
Con mis surcos fugaces
demarco mi itinerario:
unas veces soy lluvia,
otras, sólo fuego ! !

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