Y de cuando en cuando,
bésame; para no perder la costumbre.
En el ocaso de una luna menguada
por el brillo de tus ojos,
que no sólo enamoran
sino que desfilan los
surcos de mi emoción,
te observo en la penumbra silenciosa.
A través del pétalo glacial
te desenvuelves.

Tu, que galopas en el horizonte ultimado,
donde el agua ya no te moja.
Potra de blancas esperanzas
como la espuma que fenece en el altar.
Estrellas anidadas en tu pecho
describen tu aliento extremado.
Escaleras femurales apuntalan el oasis,
entre las dunas ya olvidadas.
El ardor de un beso nos persigue,
nos delata y nos confunde.
Jamás se llega al hastío.
Labio con labio,
rostro con rostro,
fijos en la inmensidad
de la crepitada espuma.
Sumidos en sueño alucinante,
en una burbuja enérgica.
Mi boca,
ebria como la ola recia
de un mar desesperado
y sumiso que seduce las orillas,
se inclina a la tuya
en la fogosa plenitud del amanecer,
en el estuario amoroso
de un faro iluminado.
Y de cuando en cuando,
vuelve; para no perder la costumbre ! !

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